Realpolitik se traslada

Publicado: agosto 19, 2013 de ivangimenez en Uncategorized

Hola de nuevo. Hace un siglo que no me dejaba caer por aquí. Para los que no estéis al caso, los afortunados cambios laborales que he vivido me han dejado poco tiempo para esto. Ahora que viene el verano, quiero aprovechar para hacer la lista de buenos propósitos para la nueva temporada (me parece más rupturista la época estival que el 1 de enero); así que intentaré darle a la tecla más a menudo.

No sé si podré alcanzar los momentos de mejor forma, y más si quisiera mantener Realpolitik y Tras las Huellas de Heródoto. Así que he decidido juntar todo en un solo blog. Al fin y al cabo, Historia y geopolítica tienen bastante en común. Confieso que había caído en aquello del que mucho abarca, poco aprieta.

Por lo tanto, a partir del 29 de agosto me llevaré los contenidos de Realpolitik a Tras las Huellas de Heródoto. Sé que algunos ya seguíais los dos. En cualquier caso, os quiero agradecer el seguimiento estos tres años, y solo es un pequeño cambio. Espero poder mantener el ritmo, y seguir aportando contenidos que sean de vuestro interés.

ivangimenez:

En Tras las Huellas de Heródoto comento una de los conflictos olvidados por la Historia pero que tuvieron una importancia decisiva en la Segunda Guerra Mundial.

Originalmente publicado en Tras las huellas de Heródoto:

Hace poco leía en The Diplomat un artículo que recordaba la guerra fronteriza entre la Unión Soviética y Japón a finales del verano de 1939. Aquellos combates fueron conocidos como las batallas de Khalkhin Gol para los soviéticos, y el incidente de Nomonhan para los japoneses. Se trata de uno de esos conflictos que han quedado olvidados en la Historia, ensombrecido por la magnitud de la Segunda Guerra Mundial que se desencadenó inmediatamente después.

Fuerzas soviéticas avanzando en Khalkhin Gol

Pero aquellos choques armados olvidados en la frontera entre Manchuria y Mongolia tuvieron luego una influencia decisiva en uno de los momentos más decisivos de la contienda mundial durante diciembre de 1941: la batalla de Moscú y el ataque  a Pearl Harbor.

Siempre nos han dicho que la Segunda Guerra Mundial comenzó el 3 de septiembre de 1939, cuando Francia y Gran Bretaña declaraban las hostilidades contra Alemania, que 48…

Ver original 813 palabras más

El aumento de la retórica belicista de Corea del Norte ha hecho que crezcan las voces sobre el posible estallido de una Tercera Guerra Mundial. Algunos creen que se trata de una conspiración para reactivar la economía y buscan paralelismos con la situación del Crack del 29 y la Segunda Guerra Mundial. La comparación es tentadora, pero no creo en exceso en el determinismo (aunque como buen historiador defiendo las lecciones que nos ofrece el pasado). Así que os voy a exponer algunas claves sobre cómo veo el conflicto.

kim

1. ¿Una gran guerra en Asia interesa a las grandes potencias? Ahora mismo no. Ni China ni Estados Unidos, ni Rusia ni Japón quieren un conflicto en el continente que causaría una enorme distorsión a la economía mundial, y no creo que fuera la solución a la crisis. Si estalla una confrontación a gran escala, las aguas de la región serían el principal escenario de conflicto, con graves consecuencias para el tráfico marítimo de mercancías o la circulación de petroleros.

2. Las capacidades militares chinas: supongo que los agoreros consideran que Beijing acudirá al rescate de Corea del Norte y se enzarzará en un conflicto con Estados Unidos… Bien, pese a los notables esfuerzos de la Marina de la República Popular, ahora mismo no pueden proteger sus rutas de abastecimiento de hidrocarburos. Imaginemos a la US Navy bloqueando inmediatamente el Estrecho de Malacca, eso estrangularía al gigante asiático

des-400x2193. ¿Pero China está aumentando la tensión en el mar del Sur de China? Sí, ha alimentado la escalada de tensión con sus vecinos, pero eso es porque quiere presionarlos en la mesa de negociaciones sobre las disputas territoriales (y a ellos sí que los puede intimidar con sus actuales capacidades militares). Eso no quiere decir que esté interesada en un conflicto entre las dos Coreas. Sabe que si provoca una guerra con Japón, Estados Unidos está obligado a intervenir por el Acuerdo de Defensa. Las bravatas de Pyongyang no están en el guion de Beijing, por lo que no se le puede considerar un aliado que actúa en nombre del patrón. Aquí China puede ser el gran pacificador.

4. Entonces, ¿China dejaría a su suerte a Corea del Norte si comienza la guerra? Aunque no quiera una guerra global, a la República Popular no le gustaría que una contraofensiva acabara hundiendo al régimen de Pyongyang y acelerando una reunificación de las dos Coreas. El principal temor de Beijing es ver a tropas de EEUU en su frontera del río Yalu, así que antes de permitir una caída total del régimen de Kim Jong-un seguramente presionaría, pero siempre en el terreno diplomático.

china-n-korea-1024x765

5. Vale, ¿así que todo es un farol de Corea del Norte? Sí y no. Las provocaciones militares siempre han coincidido cuando los norcoreanos han querido presionar para reabrir negociaciones, por cuestiones de poder internas, para probar al nuevo presidente de Corea del Sur… No es descartable 100% que se produzca algún incidente militar de cierta gravedad (quizá algo mayor que el bombardeo de la isla de Yeonpyeong), pero cuidándose de no generar una respuesta muy contundente y que puede suponer una implicación directa de EEUU. Mi apuesta personal, es que el líder norcoreano quiere afianzar su posición de fuerza en el nido de víboras que es Pyongyang.

Bien, he lanzado mis pronósticos, calma que no tendremos Tercera Guerra Mundial.

Como no podría ser de otra manera, quiero dedicarle un post al décimo aniversario de la guerra en Irak. He pensado en mencionar 10 aspectos que considero interesantes a tener en cuenta tras esta década de conflicto.

 1.    Irak no es el polo democratizador: formalmente, el país es una democracia, pero no ha irradiado al resto de la región. En otros sitios el cambio ha venido por las revoluciones de la Primavera Árabe, como la caída de viejos regímenes en el Magreb y Yemen (con desenlaces cuanto menos inciertos). Pero en el resto de Oriente Medio las monarquías se han mantenido en el poder, y  en Siria hay una sangrante guerra civil, con peligrosos efectos contaminantes hacia suelo iraquí.

 2.    La democracia iraquí sigue dependiendo de las diversas confesiones: las elecciones y la lógica de partidos sigue marcada por la división entre sunitas, chiítas y kurdos. Esto no alberga grandes esperanzas para el futuro, y es un foco que alimenta el posible enfrentamiento entre las diversas comunidades del país.

 3.    La inseguridad sigue reinando en el país: pese a que durante la ocupación hubo momentos peores, ya vimos recientemente que Al-Qaeda sigue activa en Irak. El 19 de marzo conmemoraron los 10 años con una brutal cadena de atentados. Además y en la línea de los expresado en el punto 2, sigue el fantasma de un enfrentamiento entre confesiones.

 4.    EEUU y las intervenciones en el exterior: pese a la rápida victoria militar convencional sobre el régimen de Sadam, luego los estadounidenses se vieron empantanados en Mesopotamia, con un goteo sangriento de bajas. Esto, unido al otro atolladero que ha sido Afganistán hace que Washington haya descartado las grandes intervenciones militares como gran baza en política exterior por sus enorme coste en vidas y recursos (la aventura en Irak habría supuesto un dispendio de 800.000 millones de dólares, la cantidad podría ser más del triple si se suma la intervención en Afganistán).

 5.    Giro en las operaciones militares de EEUU: desde un punto de vista operacional y muy ligado al punto anterior, EEUU parece que prefiere utilizar métodos menos convencionales en sus operaciones militares en marcha. Ya no se despliegan grandes formaciones convencionales, y se opta por las fuerzas especiales, drones y elementos de inteligencia.

 6.    El mundo multipolar: Irak marcó un antes y un después en las acciones unilaterales que la Casa Blanca había comenzado en el mundo post 11-S. Ahora es muy difícil intervenir sin contar con el apoyo del Consejo de Seguridad. Sólo hay que pensar en el caso de Libia en 2011, y con el tiento que se actúa en Siria. Con la nueva doctrina de Barack Obama, es difícil que EEUU vaya a la guerra solo, salvo una amenaza muy directa a sus seguridad.

 7.    Inestabilidad regional: el Irak de Sadam era un importante contrapeso a Irán y sus ansias hegemónicas en el Golfo Pérsico y Oriente Medio. Ahora la “guerra fría” en el Islam entre sunitas (liderados por Arabia Saudi y Qatar) y chiítas (donde Teherán es el referente). Cualquier conflicto como Siria o un ataque contra programa nuclear de los ayatolás seguramente tendría su repercusión en suelo iraquí.

 8.    Las armas de destrucción masiva: se ha comentado que ahora los dictadores pueden haber tomado una decisión, si tienes armas no te pasa nada (Corea del Norte); si las tienes te pueden borrar del mapa (Sadam). Sin duda Irán habrá tomado buena cuenta de esto, aunque siempre se ha planteado como casi imposible una invasión del país persa como la que vimos en 2003.

 9.   Los beneficios de la guerra: uno de los símbolos fue Blackwater (por cierto ahora se llaman Academi) y sus desmanes en los primeros años de ocupación. Las empresas contratistas del ejército de EEUU dan todo tipo de servicios, desde alimentación hasta seguridad/soldados de fortuna, y han sido las grandes beneficiadas con ganancias por más de 138.000 millones de dólares, según Financial Times.

 10. El reparto del petróleo: todo el mundo clamó contra Estados Unidos porque se intervino por intereses con esta materia. Pero podemos encontrarnos alguna sorpresa en el mapa de las concesiones. Cinco de los seis principales campos de oro negro están en manos de compañías europeas, o asiáticas. El 47% de esta producción va a Asia y el 52% hacia Occidente, según datos de la propia Administración norteamericana.

Esta semana ha culminado un mes de atención mediática en el Vaticano por la renuncia de Benedicto XVI y la elección del papa Francisco. Aquí normalmente hablamos de geopolitica, así que no voy a dedicarme a asuntos divinos, pero sí que me gustaría hacer un resumen de cómo ha actuado el Estado Pontificio en la esfera internacional. Este primer post lo dedico a buena parte del siglo XX en Europa, es decir a la Guerra Fría; en uno próximo me dedicaré a otras zonas “calientes” del globo.

El Vaticano me fascina como entidad de poder que ha sabido sobrevivir 2.000 años. Las cuestiones de fe las dejo de lado para otros foros. Estos días hemos tenido sobredosis de escuchar hablar de la Curia, de los juegos de poder entre las facciones de cardenales, de las pugnas entre jesuitas, legionarios de Critos, Opus,… Pero ¿cómo actúan de puertas hacia fuera?

El actor Rex Harrison interpreta al papa Julio II en “El Tormento y el Éxtasis”

 “¿Cuántas divisiones tiene el Papa?” preguntó con ironía Josef Stalin en 1935 al ministros de Exteriores francés Pierre Laval, cuando éste le pidió al líder soviético que aliviara la represión sobre los católicos rusos para así obtener el apoyo del Papa en caso de una guerra con Alemania. Puede que la Santa Sede ya no tenga un gran ejército pero cuenta con otros factores importantes e influyentes, por ejemplo, hay un sacerdote o misionero en cualquier rincón del planeta.

No descubro nada si digo que el Vaticano es un estado muy pequeño, pero con un gran peso espiritual y sus decisiones son un referente para millones de personas. Esto hace que sus decisiones en el panorama internacional tengan un gran peso. Aunque normalmente el Papa de turno y la diplomacia pontificia han actuado con mucho tiento y discreción.

Pensad que el Vaticano cuenta con el servicio diplomático más antiguo del mundo. Esa experiencia les ha valido para lidiar en algunos de los acontecimientos claves de las últimas décadas. Evidentemente no me olvido de los grandes momentos de los Estados Pontificios, en especial durante el gobierno de Sumos Pontífices fuertes (y entre mis favoritos) como Alejandro VI (el Santo Padre Borgia) o Julio II (el Papa guerrero) que lucharon para defender el poder terrenal de la Iglesia en el centro de Italia.

El papa Benedicto XV fue elegido poco antes del estallido de la Primera Guerra Mundial

Benedicto XV llegó al Trono de San Pedro en las vísperas de la Primera Guerra Mundial. Marcó una estricta política de neutralidad, pese a las presiones de ambos bandos y la impopularidad que eso supuso por el fervor belicoso que recorría Europa. Esta postura fue la que teóricamente siguieron sus sucesores en conflictos como la Segunda Guerra Mundial, Vietnam o Irak.

En la época de entreguerras el Vaticano marcó al que iba a ser su enemigo durante el resto del siglo: el comunismo. La Revolución Rusa también les planteó un modelo totalmente opuesto al suyo: un estado ateo. La preocupación creció cuando los bolcheviques arreciaron las persecuciones contra las diversas creencias cristianas.

 La Segunda Guerra Mundial marca uno de los puntos más polémicos. Para muchos, el papa Pío XII fue demasiado permisivo con Hitler (para los que quieran seguir esta línea tienen el libro El Papa de Hitler y la película Amen). Las relaciones fueron ambiguas, ya que en un principio el fascismo y el nazismo se vieron como movimientos que podían contrarrestar al demonio comunista (otra cosa es pensar que hubo colaboración con el Holocausto). Y con ambos regímenes se firmaron los respectivos concordatos. De hecho en 1929 se firma con la Italia de Mussolini el Pacto de Letrán que da plena soberanía a lo que hoy conocemos como el Vaticano (una cuestión que estaba pendiente desde el proceso de la unificación italiana).

El nuncio vaticano Cesare Orteningo ante Hitler y Von Ribbentrop

Cuando se instaló el Telón de Acero, el Vaticano comprobó con escalofríos como la católica Polonia quedaba totalmente bajo influencia del Bloque Comunista. La relación con Moscú se fue tensando estos años, en momentos como por ejemplo la Revolución Húngara, cuando el Pío XII apoyó claramente la sublevación (encíclicas Luctuossimi Eventus  y Datis Nuperrime).

El papado de Juan XXIII supuso un giro a esta política anticomunista. El Vaticano entraba en una fase de neutralidad en el enfrentamiento entre bloques. También se abrió el diálogo con Moscú para aliviar la persecución que sufrían los cristianos. Una muestra de este cambio de postura fue que en el Concilio Vaticano II se eliminó cualquier condena al comunismo.

Pablo VI mantuvo esta línea, pese a que crecían las voces que querían volver a la hostilidad con el Bloque del Este; y fue el primero en recibir a un alto mandatario soviético en el Vaticano: el ministro de Asuntos Exteriores Andrei Gromiko. El papa Juan Pablo I parecía partidario de mantener esta línea de neutralidad a finales de los años 70.

El papa Pablo VI fue el primero en recibir a un alto representante de la Unión Soviética

Pero todo volvió a cambiar con Juan Pablo II. Para muchos el inspirador intelectual de la caída del bloque comunista. Desde luego dio un importante apoyo al movimiento Solidarnosc en su Polonia natal, una de las claves para entender el resquebrajamiento del Telón de Acero. Una buena muestra del cambio de política fue la buena sintonía que demostraron con la Administració Reagan.

En esos años, Juan Pablo II también consiguió el compromiso de Gorbachov para otorgar libertad a los cristianos. Wojtyla también defendió el principio de injerencia humanitaria en intervenciones como Somalia y los ataques de la OTAN que pusieron fin al asedio de Sarajevo. Para una próxima ocasión (intentaré no haceros esperar mucho) hablaré de la diplomacia vaticana en el avispero de Oriente Medio.

Argo ha sido la gran triunfadora de la gala de los Oscars. Ha sido una auténtica tapada. Al menos, en un principio parecía que tenía poco que hacer frente a las grandes apuestas de la industria de Hollywood como Los Miserables o Lincoln. Aunque esté año los premios de la Academia han sido como el Gordo de Navidad cuando mola: han quedado muy repartidos. Personalmente, me alegro por el triunfo de Ben Affleck, me gustó la película, y consideró que tiene un ritmo narrativo ágil que la convierte en una historia que se deja ver muy bien.

Históricamente la película es bastante fiel a los hechos. Aunque tiene un punto rocambolesco – planear la filmación de una película de ciencia ficción en medio de la Revolución Islámica en Irán para salvar a unos diplomáticos ocultos en Teherán-. Solamente varía el final, por exigencias del climax en el final de una producción cinematográfica.

Tony Mendez (el agente que en la película encarna Ben Affleck) es recibido por el presidente Carter en 1980, poco después de la operación

Políticamente, en Twitter ya he visto alguna lectura más. Como un apoyo de la política estadounidense en demonizar a Irán. Aunque la propia Argo muestra las relaciones entre la CIA y Hollywood, la película que parecía contar con las bendiciones de las altas esferas era Zero Dark Thirty (aunque luego se montó la marimonera con las torturas).

En este caso Argo ayuda a quitar los fantasmas del pasado. A los estadounidenses les gusta recordar grandes historias, y la de los diplomáticos que pudieron escapar de Irán fue una que les levantó el ánimo en momentos pésimos. La crisis de los rehenes ahondaba en la herida al orgullo patrio. Eran los años tras el fracaso de Vietnam, y la toma de los rehenes en la embajada de Teherán fue una puntilla más. El mundo se volvía hostil para Estados Unidos, y eso podía ser fatal en la pugna que mantenía con la Unión Soviética.

Sello iraní que conmemora el derribo del vuelo 655 donde murieron 290 personas

La historia de Argo luego se truncó. El presidente Carter fracasó con la operación de rescate del resto de rehenes en la embajada, y perdió las elecciones frente a Reagan, pero por lo menos es de lo poco que pueden sentirse orgullosos en su acciones frente a la República Islámica. Además del fracaso de sus comandos, también hay que recordar el terrible derribo de un avión de pasajeros iraní por parte de un buque de guerra estadounidense en 1988, cuando lo confundió con una aeronave militar y causó 290 muertos (se habían producido escaramuzas entre fuerzas navales de ambos países en la Operación Mantis Religiosa).

 No creo que Argo haya sido propaganda. Al fin y al cabo, su productor George Clooney no ha tenido problemas en denunciar en otras ocasiones los abusos del poder. Sí que ha gustado porque es una historia de espías, es más limpia que Zero Dark Thirty. Al fin y al cabo se trata de una operación de ingenio y no de fuerza bruta. Más allá de banderas, la historia es interesante de conocer por su originalidad, supongo que habrá quien sospeche del pérfido papel que se da a los iraníes (al fin y al cabo, han anunciado que harán su versión). Pero como siempre, la objetividad es ese objetivo que a veces parece tan esquivo.

Perdón por el retraso. Concluyo mi repaso a las franquicias de Al-Qaeda centrándome en el continente asiático.  Aunque ahora la atención informativa se centra en África, estos grupos son verdaderos veteranos de la lucha yihadista. Muchos de ellos ya tenían una presencia importante antes de los atentado del 11-S, y llevaban su propia lucha desde Uzbekistán a Filipinas. Por lo que el apelativo de “aliados” de la red terrorista quizá sea más adecuado. Eso sí suelen establecer relaciones beneficiosas para las dos partes: el grupo en cuestión obtiene entrenamiento y financiación y Al-Qaeda muestra su capacidad para extender los tentáculos.  

Movimiento Islámico de Uzbekistán: En los años 90 fue especialmente activo en Asia Central. Fue la bestia negra de la dictadura de los Karimov, y el temor del resto de ex repúblicas soviéticas de la zona. También intervinieron en la compleja guerra civil en Tayikistán. Su líder era el carismático Juma Namangani, un veterano del ejército soviético que volvió imbuido del islamismo de Afganistán a finales de los 80 (murió en 2001 luchando contra la Alianza del Norte y EEUU).

Se aliaron con los talibanes y Al-Qaeda a finales de los 90. Tras el 11-S, la represalia militar de EEUU sobre Afganistán diezmó al grupo que huyó a la zona tribal del Noroeste de Pakistán. Desde hace unos pocos años se ha especulado sobre un posible renacimiento de este grupo, con incursiones en puntos de Asia Central como los recientes estallidos de violencia en Tayikistán. Aunque  hay quien considera que el grupo tiene una capacidad de acción muy limitada fuera de Pakistán ya que han sido muy castigados por los ataques de drones.

Memorial de las víctimas del atentado de Bali en 2002

Jemaah Islamiyah: es el grupo terrorista indonesio. Captó la atención de los medios internacionales con el gran atentado en Bali a finales de 2002 donde murieron 202 personas, principales turistas australianos. Opera principalmente en Indonesia, pero también tiene miembros en otros puntos del Sureste asiático. Se fundó en los 80, pero al principio no utilizaba la violencia en su reclamación de crear un estado islámico en esa zona del mundo.

La organización estableció vínculos con Al-Qaeda en Afganistán durante los años 90, cuando también optaron por la lucha armada. Desde los atentados de Bali se produjeron una serie de atentados en Yakarta contra hoteles con occidentales. Su actividad ha descendido sensiblemente en los últimos años ante la fuerte presión de las autoridades indonesias, y el gobierno filipino también les ha golpeado recientemente.

Helicóptero del ejército filipino en una operación contra Abu Sayyaf. Fuente: Ben Hammersley

Abu Sayyaf: este grupo se enmarca en el largo conflicto en el sur de Mindano, zona de mayor población musulmana. Son una escisión del Frente Moro de Liberación Nacional. También se consideran aliados de Al-Qaeda. Tienen el horroroso récord de haber cometido el mayor atentado de la historia en alta mar: la voladura de un ferry en 2004 donde murieron 116 personas.

Algunas fuentes los consideran aliados o incluso un subgrupo de Jemaah Islamiyah. También se les ha acusado de financiarse a través de redes de beneficencia musulmana en la región. Así recibiría fondos de Al-Qaeda. Contaría con unos 500 miembros, y tras los recientes acuerdos de paz en Mindanao, serían el único grupo que mantiene la lucha armada en Manila. Desde el 11-S Estados Unidos se ha implicado directamente en la persecución de este grupo, aportando centenares de agentes, aunque teóricamente no pueden tomar acción directa según la ley filipina.

Control militar indio en Cachemira

Lashkar-e-Taiba: grupo terrorista que lucha por liberar a Cachemira de la dominación india. Se crearon en 1990 y operan desde Pakistán. Su principal objetivo han sido las fuerzas de Nueva Delhi en esta disputada región, pero desde principios del siglo XXI dieron un salto en sus acciones con ataques tan audaces como el del Parlamento indio, los trenes en Mumbai en 2006, o los atentados en esa misma ciudad en 2008.

Además de aliados de Al-Qaeda, también se les ha considerado un instrumento del ISI (servicios secretos pakistaníes) en su pugna eterna con India. Evidentemente, los gobiernos de Islamabad siempre han negado la ayuda, aunque muchos de sus atentados han generado situaciones de alta tensión con el país vecinos, poniendo a ambos estados al borde de la guerra. El ejemplo más claro fue la escalada militar entre India y Pakistán tras el atentado al Parlamento de Nueva Delhi.